Historia escrita por Qkrch, ambientada en la 2ª era de Cielos Oscuros, con dos partes, por ahora:

Parte I

Parte II

Susurros de Marie


Que tiempos aquellos amigo elfo, esos tiempos de juventud en Adertha, rodeado de nobles y pequeños amigos con los que jugar. Ya no te sentias huerfano pues habis sido bien acogido, la heroidicidad de tus padres en la batalla de Carh-Dal dejaron tu vida facilmente asentada. Y que recuerdos?? Recuerdos de amor, de buenos sentimientos, de no hay preocupaciones por nada…. Pero llego, todo llego…. la semilla, las deidades, las batallas… trescientos años de continua lucha en los que, pequeño elfo, los pasaste deambulando de taberna en taberna creyendo poder cambiar el mundo con un acorde del laud.

Pero tus canciones ya no suenan joviales, no suenan con el corazon que tenias en tu juventud Elvetharie, donde lo dejaste? Ya extenuado y cansado de la vida, pequeño elfo, decidiste terminar con todo. Buscar tu ultima partitura y recuperar lo que yo una vez te robe… o morir en campo de batalla, no solo dejando musica…. sino un elfo noble que nunca abandona mientras le quede un aliento.

Ahhh Elvetharie, podras recuperar tu propia fe? o te dedicaras a asaltar mujeres mientras con tu grupo de elfos ludicos cantais fiestazo una y otra vez? Espero que ella te ayude….

*Murmullos del viento*

Tres dias antes…. Ian Kensbane escribió


Un dia feliz se aventurava, despues de una enlokecida noche de fiesta y jolgorio todo el mundo se apresuro al templo para presenciar la boda de Sir Talion y Silvana. Y alli estavamos todos, con nuestros mejores ropajes y nuestros corazones plenos de alegria, despues de los ritos ceremoniales cuando los novios se disponian a salir, todo el mundo esperava el ansiado momento en el que podian felicitarles y, como tradicionalmnte ocurre en estos casos, llenarles de arroz. Pero toda esta alegria se vio perturvada, pues Elvetharie cayo en desmayo al suelo sin razon aparente, la exaltacion de la multitud fue instantanea, un tumulto de gente rodeava a Elve preocupada por su estado.
Yo que havia preferido no entrar al templo, por razones personales, me exalte al ver tanta multitud y me acerke a ver que se cocia. Cual no fue mi sorpresa al oir de la boca de Sir Talion que Elve, habia caido en desmayo y comenzado a vomitar, me intente acercar, preocupado por el, pero la multitud no me dejaba, grite su nombre, pero el seguia tirado sin poder o kerer escuchar.
Galdor se acerco corriendo alertado por el griterio y consiguio llegar hasta Elve, despues de reconocerlo en primera instancia rogo a todos que se apartasen y siguiesen con la fiesta. Yo me encontraba bastante tenso, la verdad, no se como algunos pueden continuar una fiesta cuando algo asi ocurre, de hecho creo recordar que nadie la siguio. Galdor nos reunio y encargo que buscaramos 3 objetos para poder crear un posible remedio para Elve.
Nos dividimos en 3 grupos y marchamos sin mirar atras y sin pararnos ya que la vida de Elve corria peligro. Max, Sir Talion, Gorko y yo nos dirigiamos hacia el refugio del hermitaño, en la cumbre de la peligrosa montaña de los dioses. Despues de abatir gigantes, elementales y otras criaturas extraplanarias conseguimos llegar hasta el.
Despues de contarle muy brevemente lo ocurrido, el hermitaño nos dio, sin pensarlo, el componente necesario,entonces corrimos a toda prisa hacia menelya, sin tiempo q perder, al llegar alli tuvimos q esperar a los demas componentes. Ya reunidos, Galdor fabrico una posible cura para el dolor q Elve sentia, corrimos hacia una casa donde Elve descansaba para darle a probar el remedio, al entreqar y subir al 2º piso, encontramos a Elve un poco blankecino y casi sin habla, Galdor se apresuro y ante las miradas atonitas de todos nosotros comenzo a realizar una seria de cosas, que, por lo que parece ayudaron a curarle. Buuff muy mal rato pase durante aquella noche, y eso que yo pensava que mi problema iba a ser mi unica preocupacion…..

- Marië bendita!

- ¿Qué ocurre Ian? - preguntó extrañado Phage Wirewood al monje Ian Kensbane empapados por la lluvia de las Montañas de la Locura-. ¿Has visto a más de esos gigantes con doble cabesa?

- No puedo….. - respondió Ian - No dejes que Merle se acerque, Phage.

El monje mariánico avanzó unos pasos por la mojada hojarasca de las montañas de la lócura, el lugar donde su propio padre habia maldecido a todos los espiritus malignos de esta tierra y que le comenzaba a resultar familiar en sus viajes.

En un recoveco de la pared de una montaña yacía Elvetharie Synhelce con la espalda apoyada en la deslizante roca, una mano apretando fuertemente el lado izquierdo de su pecho y la otra con un trozo de papel de su libro de canciones, su pelo empapado cubría su bello rostro y ocultaba el vacio de sus ojos, su boca no exhalaba aire alguno y su laúd yacía roto a sus pies. Ian se postró a su lado y comprobó que la vida en su tez se había extinguido como la luz del sol en aquel fuerte temporal.

- Vieja semilla era tu tez amigo - susurró Ian - los únicos ojos que llegaron a ver los cielos oscuros.

Elve había muerto después de muchos siglos de vida de elfo, malgastada en burdeles, tabernas y grandes fiestas donde exprimía sus versos y canciones sobre la libertad, herida de muerte tras aguantar en su corazón durante años el beso de una elfa rubia, esperanzada por la sonrisa de la única que le hacia sentir la vida, Merle Tir’ein.

El grupo que iba detrás de Ian y Phage se detuvo al ver los aspamientos del elfo.

- Phage! - replicó Arine Alas Negras - qué pasa ahi delante cabeza de chorlito?

- Oh vamos! - dijo Merle - Deja a los chicos hacer su trabajo mamá.

- No Arine no… - Phage se detuvo un momento para mirar los ojos de Merle- No ocurre nada que no sea lo de siempre….

- Vamos vamos…. - negó Arine-. Hasta Talion sabe mentir mejor que tu pueblerino! Que ocurré?

La conversación fue interrumpida por un grito ensordecedor de angustia que rompió el estallido lejano de los truenos y el constante chapoteo de la lluvia. Ian el monje no pudo contener la pérdida de su amigo y el sentimiento de angustia llegó a todo el grupo como el golpe de un hacha afilada.

Sir Talion miró a Silvana con semblante preocupado y corrieron hacia el lugar donde estaba Ian, detrás de ellos los gnomos hermanos arcanos Reza Ka y Pitra Ka y lentamente Merle acompañaba a su madre Arine cubriendo la retaguardia.

La imagen del elfo muerto relumbró con el caer de un rayo cercano y bajó el silencio… el grupo de compañeros inundó de silencio el pequeño recoveco en la pared de la montaña.

- Bueno bueno! - susurró Reza Ka a su hermana -. Ya era hora de que dejase de cantar el elfo loco este, ja!

Pitra Ka intentaba no titubear como le habían enseñado las doctrinas de Moloch, pero el recuerdo de Elve dedicandole versos y prosas en los momentos de hoguera empobrecía su diminuto corazón y las lágrimas de su rostro al recordar sus aventuras se perdían entre la lluvia. Respiró fuerte y no puedo más que romper el silencio.

- Oh vaya…. Elve…..

Ian miró el cuerpo petrificado de Merle que solo temblaba por el nuevo frío propagado en su pecho. Ella no podia creer que su amigo bardo, el que le llevaba a lugares tan hermosos de Elenya, aquel que le susurraba cantando su belleza y le orefeció una vez agua de sus propios labios hubiera abandonado para siempre su cuerpo.

- La cura de Galdor no fue suficiente - respondió Ian a Merle -. Sólo Marie sabía lo que le pasaba, esa terrible enfermedad a acabado por parar su corazón y ya no hay marcha atrás.

El monje humano cerró los ojos de su amigo elfo.

Merle se acercó hacia el cuerpo muerto desobedeciendo las ordenes de su madre de que permaneciera quieta, apoyo una rodilla en el encharcado suelo y miró a Elve fugazmente por el pavor. Decidida, acercó su mano hasta su pecho comprobando que su corazón ya no latía y no queriendo ver más bajó su mirada hacia el suelo donde eonctro, en la aferraa y fria mano de Elve, un pergamino viejo que contenía una pequeña canción.

Sir Tailon agarró el inerte cuerpo y lo colocó entre sus hombros, elve era lo bastante ligero para ser transportado por los brazos del paladín mariánico pero aún así Ian quiso compartir su carga.

- Llevemoslo a Adertha - dijo Ian-. Mi tio Max sabrá que hacer con él.

Y partieron hacia Adertha Celeb, entre la intensa lluvia, para enterrar el cuerpo de su amigo.

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Max Hammerman amortajaba el sepulcro de su amigo Elve con una expresión seria. Su poder de clérigo era conocido en todo el continente pero ahora lamentaba que su fe no llegara para poder resucitar a Elve. Cuando acabó, murmuró unas palabras en forma de oración entonando su grave canto al balcón de Marie. La misa por el alma de Elve duraría cinco días de extensa oración al arbol de luz y la multitud que conocía a Elve iba mostrando sus respetos al recien desaparecido bardo. Fue los unicos dias en la gran historia de Adertha en los que abrió sus puertas a los molochenses.

Merle, alejada de la multitud y todavía inmersa en las sombras de la penumbra, entreleía las lineas del pergamino que portaba Elve en el momento de su muerte. Las letras elficas escritas en el pergamino pertenecían a Elve, aunque los rasgos altos de las runas ponian en conocimiento de Merle que lo había escrito a una edad muy temprana. Era una canción. Entre lo que quedaba de tinta pudo distinguir la palabra “Oilosse” y “resurrección”. Merle no entendía bien aquel dialecto noble elfico que se usaba hacia unos 9 siglos, ella era relativamente joven y además venida de otros asentamientos elfos, donde la encontraron Max Hammerman y Valeria durante las guerras que asolaron la Isla de Rochón. Nunca creyó en sí misma que llegaría a ver la esplendorosa y mítica Adertha Celeb, y mucho menos que le llegaría a caer en gracia a uno de los bardos más famosos del continente… pero aquello no importaba, él se habia ido.

Merle se escabulló entre la multitud como pudo, necesitaba respuestas o al menos saber más de quien fue Elve a su infancia. Cuando casi llegaba a las puertas una pequeña mano la agarró de su ceñido pantalón.

- A dónde ir mami? -dijo Merme, la hija gnoma adoptiva de Merle, mientras se abrazaba a sus delgadas piernas-. Llevame contigoo, no dejar sola a Merme!

- Debes esperar aquí - resopló merle acariciando el negro pelo de la gnoma- No te alejes del tio Max que mami tiene que hacer un pequeño viaje, has entendido?

Merme afirmó con la cabeza sonriendo y la conocida como Flecha Felina se perdió entre los bosques con su arco y carcaj como equipaje.

- Pero Tio Max canta muy maaal!! - sollozó Merme antes de ver desaparecer a su madre entre el follaje.

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Flecha Felina tenía bien ganado su mote, bajo el cuero negro de su atuendo de exploración Merle mostraba unos pequeños pero fibrosos músculos parecidos a los de una pantera y su forma de moverse entre las sombras era envidiada incluso entre los animales de Olve. Entre los arboles de los bosques de Carch Dal, Merle divisó una forma humanoide cuyo movimiento le resultaba familiar. Arrodilló un pie en el suelo, buscó en su carcaj una de las flechas con mejor cola para las distancias largas, la colocó en su arco Nya cuidadosamente, y en menos de un segundo tensó el arco con su majestuosa habilidada, apuntó y disparó una flecha mortal que perforó de lleno al humanoide atravesandolo de oreja a oreja. Los orcos hacían mucho ruido para los pasos de Merle.

La elfa se acercó a los despojos del orco merodeador y revisó entre sus enseres. En un pasado detestaba hacer eso, pero Elve le habia enseñado que los enemigos comunes solían llevar objetos extraños o mágicos que hubieran robado de anteriores asaltos. Merle se maldijo al encontrar solamente una poción de extraños olores pero pidió perdón a los cielos por la blasfemia cuando se realizó de que era un elixir de velocidad.

La elfa esperaba que en el santuario de la Vigilancia de Carch Dal pudiese encontrar las últimas pertenencias de Elve, sino recordaba mal su fiel amigo habia sido criado allí tras la muerte de sus padres en las sangrientas batallas de Carch Dal. Quedaba menos de una veintena de kilometros para llegar hasta allí y apresurada, Merle tomó de un trago la poción.

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Los siglos habían pasado por los bosques de Carch Dal, las antiguas batallas libradas allí ya se habían perdido entre el viento y el pequeño templo de vigilancia, que se había edificado en honor del advenimiento de la luz que nunca llegó, mostraba unos ladrillos de piedra cada vez más erosionados por el tiempo e invadidos por el resbaladizo musgo. Pero los años nunca parecían pasar para el sumo druida de Carch Dal, el anciano Ajierro seguía regando los bosques como hacía mil años y daba refugio a los invalidos aventureros que se hubiesen salvado del ataque de los enormes lobos que infectaban la zona.

- Te estaba esperando - pronunció lentamente Ajierro a los bosques, pero no obtuvo respuesta alguna -. Yo también le echaré de menos.

Merle se deslizó hasta un claro para dejarse ver con el rostro apesumbrado, camino hasta el gran druida y éste se fundió en un amistoso abrazo de comprensión con ella. Merle rompió a llorar en el atardecer.

Ajierro invitó a la dama a entrar en la Vigilancia ya que la noche era inminente y tras unas horas consiguió calmarla con unas calientes infusiones y una conversación de palabras inteligentes. El gran druida le había enseñado a Elve de pequeño el arte de la caza con arco y algunos trucos curativos y lamentó el día que le abandonó, un día que él mismo había profetizado ya que los versos del elfo eran síntomas de extrema libertad. Ajierro había recibido del templo de paladines de Adertha los últimos enseres del bardo los cuales había juntado con las cosas que había dejado de joven allí y se los acercaba a Merle en una pequeña caja hecha de mimbre.

Curiosa como nunca, Merle comenzó a examinar detalladamente cada una de las cosas que contenía la caja. Su estoque de bardo que desprendía esa luz verde tan característica, su yelmo de batalla, el cuero rojo que le habían regalado los espiritus de la naturaleza, las botas que le habia obsequiado ella misma por su cumpleaños, el laud Phiest-asso que usaba en todos sus recitales, una pequeña flor tallada de madera…. y una pequeña pila de cuadernos escritos. Merle desenpolvó y ojeó los cuadernos, había encontrado los libros de canciones de Elve y se excitó desmesuradamente. Rebuscó entre sus bolsillos el trozo de pergamino y lo comparó con los cuadernos hasta encontrar el que encajaba con el viejo y destrozado trozo de papel que aferraba Elve en la hora de su muerte.

- Oilossë, flor de resurrección - leyó Merle-. Qué… que es esto Ajierro? No lo entiendo.

Ajierro examinó el papel detenidamente

- Mmmmm -recordó el druida-. Sí, es una canción que solía cantar Elve cuando aún era un chico, se pasaba el día recitandola hasta que se hizo lo suficientemente adulto para buscar otro tipo de versos más políticos.

Ajierro hizo una pausa para leer más a fondo la canción.

- Ciertamente -volvió a decir-. Es sólo una fábula inventada por un niño, un cuento de hadas sin pies ni cabeza que habla de una flor ancestral que resucitaba a los muertos…. le servía bien de joven para impresionar a las pequeñas damas de la nobleza.

- Una flor que resucita a los muertos? - preguntó exaltada Merle-.

- Bueno, ya te dije que era una fábula - dijo el druida previniendo las intenciones de Merle-. Elve por entonces era estudiante mio y conocía el nombre de muchas plantas, tomó la idea del Oilosse… una flor solamente aromática que no crece en sitios normales. Pero yo las he visto Merle! Son simplemente flores sin efecto mágico alguno.

- Pero… por qué esa obsesión con la canción? - dudó Merle -. Qué demonios era esa enfermedad en su corazón? Elve nos quiso decir algo con este trozo de pergamino pero no logro comprenderlo.

- Qué afecto tenías por Elve? - preguntó seriamente Ajierro cortando la conversación y dejando a Merle estupefacta-.

- Bien… yo - Merle dudó de nuevo-. Eramos muy amigos, mi compañero de viaje.

- Te contó alguna vez sobre sus amores pasados?

- A Elve no le gustaba recordarme aquello - Merle pensó detenidamente-. Quizá por ello desconfiara de él… siempre afirmaba que sólo habia sido capaz de amar una vez y que nunca lo volvería a hacer. Siempre pensé que era un tonto por decirme eso.

- Era cierto - se hizo un silencio y Ajierro continuó-. La enfermedad que hería el corazón de Elve no era sino una maldición que cayó de la mano de los dioses por intentar llegar a sus límites.

Merle frunció el ceño sin comprender.

- Verás…. cuando Elve aún no alcanzaba la veintena de años y su espíritu rebelde era fuerte como el de cualquier plebeyo sin nada que hacer. A menudo escapaba de su casa para reunirse en las gfrandes fiestas de los plebeyos campesinos y en una de ellas conoció a una elfa rubia de nombre Marielanthalasa.

El arco cayó hacia el suelo de la mano de Merle, estupefacta, al recordar las canciones de Elve sobre la diosa de la luz, versos que describian con gran exactitud los rasgos físicos de la gran Marië y que llegaron a ser bendecidos por la iglesia de Adertha. Ajierro continuó con las historia sereno mientras Merle instintivamente recogía su arma por vergüenza.

- En secreto y entre las rocas de los acantilados Elve pasaba los atardeceres cantando alegre con el laúd versos a Marie. Ella era humilde y disfrutaba enormemente con la música de su amigo, olvidaba sus obligaciones en el campo y las constantes visitas que tenía su familia. Pero además de ese secreto había otro. Elve amaba profundamente a Marië y lamentaba cada segundo en el que no podía contemplar su hipnotizante y agradable sonrisa. Se sentía angustiado por no poder contarle, un día más, su amor irrefenable.

Ajierro dió un trago a su infusión y prosiguió.

- Durante un día muy caluroso de verano, Elve estuvo cantando sus mejores poemas a Marie decidido a cortejarla y acabar de una vez con aquella agonía en el corazón. Pero los minutos fueron pasando y el valor decreciendo hasta que su compañero le pidió unos días para atender los asuntos de su familia. Elve le hizo prometer que volvería pues necesitaba de contarle algo importante y ella asintió… regalandole un pequeño beso en los labios.

- Oh vaya - suspiró Merle recordando aquel día en que ella misma había caído deshidratada en los bosques de los minotauros y Elve vino a rescatarla derramando el agua de boca en boca por no tener un recipiente en la mochila. Elve le salvó la vida, pero más que eso recordaba los labios del bardo unidos a los suyos y aquello le pareció maravilloso… aunque luego le hizo prometer que no lo repitiera jamás. Que injusta se sentía ahora.

- Pero ella nunca volvió - Ajierro sacó de su ensimismamiento a la elfa -. Pasaron las noches y Elve se llenó de pesadumbre al no ver a su amada volver. Regresó a Adertha con miedo en el corazón y sólo encontró un majestuoso arbol que abría los cielos y del que todo el mundo hablaba. Consciente de que Marie habia sido la causante de ello comezó alocadamente a trepar el tallo del árbol gritando a viva voz su nombre. Lo encontraron moribundo al día después en las raíces del arbol, estuvo durante cinco largos años postrado en el lecho quejandose de fuertes dolores en el corazón y esque él afirmaba que aquel beso había roto lo más hondo de su ser y que lo pagaría durante toda su vida. Elve nunca volvió a ser el mismo, yo lo acogí entre mis brazos y le ayudé a contener su ira y su tristeza.

- En… entonces… - Merle tragó saliva-. El Oilosse es la flor que nace de un árbol de luz?

- No, -respondió el druida tajante-. Esa es su leyenda pero yo las he visto crecer en las cercanías del volcán de Gil-Throndel aún cuando era joven… ya te dije que sólo era la canción con la que Elve entretenía a Marië, la fábula de un enamorado.

Merle echó una nueva ojeada a la canción del Oilossë, no comprendía lo cierto que pudieran llegar a ser aquellos versos, pero sin duda hablaba de que el Oilossë podía resucitar las almas de buen corazón si se creía en ello. La joven elfa se aferró a ello como a una tenaza ardiendo, no podía soportar su perdida.

Merle consiguió dormir a causa del viaje en un rincón de la Vigilancia mientras Ajierro vigilaba los exteriores y daba de comer a los pájaros. Cuando levantó se colocó su diadema, se enfundó en su capa, salió al exterior y despidió al druida agradeciendole su hospitalidad y consejos. El primer rayo de luz llegaba con el día, Merle se arrodilló y guardó en su bolsa de contención el cuaderno de música que contenía la canción sobre Oilossë, suspiró al recordar a Elve y comenzó a caminar…. llorando en el amanecer hacia el volcán de Gil - Throndel.

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