Texto relatado en la quedada Cieloscurense de 2006, y que es la semilla de la nueva etapa del servidor en nwn2:
Parte II
Parte III
La reunión plateada, la gloriosa ciudad élfica construida hace años sobre las raices del árbol de Marie, vivía tiempos desesperados. La esperanza en los corazones de sus habitantes se había perdido en la espesa bruma de la pérdida de la semilla de luz para siempre, hendida entre las manos del ser más odiado del continente, el señor de Belerion, aquel que había aplastado a la ultima alianza entre mariánicos y molochitas sembrado la soledad en los corazones de toso aquel que pensó en la victoria de los héroes.
Bajo un sordo lamento, los elfos fueron emigrando de las grandes ciudades hacia bosques más salvajes para esperar, quizá algun día, el final de sus vidas.
Mientras tanto, las hordas molochenses más que nuncas sedientas de riquezas y desesperación campaban alrededor de las pequeñas villas, destruyendo, saqueando y planeando su nueva estrategia para dar el golpe de una vez a sus aférrimos enemigos hijos de la luz. Las últimas esperanzas de la total anarquía que comenzaba a rodar por los bosques se postraban en los hombros de pequeñas cuadrillas de paladines, que a modo de inquisidores y, casi perdiendo la fe en la bondad de Marie, tomaban la justicia a manos de su espadón.
Todo esto, como era de esperar, no era asunto de la omnipoderosa ciudad Menelya Dur, que entre las tretas de su alcaldesa Dragrin Torrowbar seguía cosechando una y otra vez, riquezas y poderes para su urbe. Estaba claro que la era de los elfos estaba acabando y que los hombres… necios o malvados eran el futuro que deparaban las estrellas.
Las arcas de la gran ciudad se presumían vacias y entre los rumores de los ciudadanos el kaos fue tomando forma, como si el propio señor controlara como maniquíes los corazones de todos ellos. La gran ciudad fue tomando aspecto de mercado de placeres. La gran plaza se apestaba de mercaderes y los extranjeros pululaban pisando tierra sagrada como si se tratara del patio de sus casas.
Todo tiene un límite en la creencia y en la fe, y por ello, el espaldarazo de Marie hizo crecer más aún la sombra del gran arbol de Adertha.
Bardelor sabía que aquella misión no sería nada fácil. Mirando fijamente el fuego del campamento que había establecido él y su pequeña escuadrilla de paladines pensó en la estrategia que debería llevar acabo. Si los datos eran ciertos, un grupo de humanos mercenarios molochenses se habían establecido en Puerda, una pequeña aldea mediana a las afueras de la ciudad sagrada, mostrando ninguna piedad antes sus habitantes, extorsionandolos y haciendo sus tierras propias tirada por medianos esclavos. No debían de ser muchos, al menos eso pensaban y esperaban pues el batallón de la Media Luna (así era como se bautizaron) había sufrido muchas bajas en los últimos meses y su última fila estaba llena de primerizos que ansiaban algún día poder llegar a ponerse la armadura blanca.
El elfo de pelo castaño rehusó la hipnosis de las llamas de fuego y buscó, desesperadamente en su cuello, el relicario que consagraba todos sus rezos. Lo apretó firmemente con el puño y murmuró para sí:
- Oh bendita Marie, haz que estos hombres vivan libres de la tiranía de la sombra… que tu luz rebose en ellos y que todos puedan ver algún día el lugar donde guardas nuestro honor y gloria.
Dicho esto, Bardelor se tumbó entre la hierba y descansó las dos horas que aproximadamente quedaban hasta el alba.
- Atacad!! Sin retroceder!!
Ya los estaban esperando, algún maldito pícaro había alertado a sus compinches de la llegada de la escuadrilla maránica. Bardelor a lomos de su caballo levantó la espada al alto y gritó en élfico consignas de guerra “esto no va a ser nada fácil” pensaba para sí.
Los enemigos de la fe mariánica estaba compuesta por decenas de guerreros humanos y llevaban atado a una cadena a una bestia de proporciones admirables, un monstruo que ante el olor que desprendía sólo se podía tratar de un Troll traido de las montañas de Esblomtosh.
Como capitán de su guarnición, Bardelor se lanzó al trote junto a dos paladines más para repeler la fuerza atacante del troll mientras los demás guerreros aliados entraban gritando con espadas y mazas al parapeto que formaban los guerreros humanos.
La escaramuza no duró mucho, como en toda batalla, la sordidez envolvió la zona y el primero que conseguía acertar un golpe suponía cercenar una mano, un brazo o la vida de cualquier ser viviente.
Habiendo perdido a sus lugartenientes ante la bestia, Bardelor imploró un fuerte aliento a Marie pues la bestia que tenía enfrente era un muro casi infranqueable. Levantó en arco su espadón por encima de su cabeza y asestó un tremendo golpe a la vesícula del troll el cual mugió de dolor pero seguía sonriendo como todas las maléficas criaturas de Moloch. El enorme troll bajó la vista, arqueó la espalda y propinó un enorme manotazo al cuerpo de Bardelor. Este opuso resistencia y su brazo derecho recibió de pleno el golpe que lo levantó varios metros del suelo, la caida no fue aun mejor. Postrado en el suelo y ante la incomodidad de levantarse por el peso de la armadura, el elfo comenzó a rascar el suelo con los talones de las grebas, intentando escapar del aplastamiento de una masa podrida y sedienta de sangre que se abalanzaba a zancadas entre la yerba con la unica intención de devolverle el tajo sufrido.
Pero la carrera del troll se paró en seco, un ruido de cristal vino a los oidos de Bardelor. El troll se giró estupifizado, maldiciendo y preguntandose quien había sido capaz de tirarle un vaso de cristal al cogote. Cuando vió al culpable se le erizaron las arrugas de su putrefactop cuerpo, un misero y enano elfo que no debía de aparentar más de una veintena de años se mostraba impasible y recto ante el troll. Blandiendo sólo un palo puntiagudo! El troll jamás había visto una victima tan inocente y apetecible. Echo en carrera a gran trote para aplastar y saborear la cabeza de aquel mediocre elfito.
El joven elfo de pelo claro levanto una mano hacia el bastón en un fugaz movimiento, murmuró unas palabras y al momento la vara comenzó a arder por la punta, una pequeña llama que se expandió rapidamente por la vara. Al troll no le dio tiempo a pensar al ver el fuego, y mucho menos cuando la vara, lanzada con una fuerza descomunal, se le clavaba en el estómago y al mismo tiempo se cuerpo se cubria entero de llamas reduciendole casi en un instante a pura ceniza… en ese tiempo tampoco le dio tiempo a pensar de que no le habían lanzado un vaso de cristal, sino un frasco de aceite.
Bardelor intentó recuperarse del soslayo, miró al joven elfo ataviado con la armadura de un primerizo y agradeció a Marie aquel momento de victoria.
- Eso ha sido un golpe magistral!! – dijo mientras el joven elfo estrechaba su mano y le ayudaba a levantarse-. Marie te bendiga… Belegia.
- Y a vos lo haga también mi capitán – respondió el elfo-.
Los años no pasan en balde para los elfos y tras unos cuantos el caos que reinaba en la ciudad de la luz era ya algo de charla habitual. Bajo la amenaza y los tiempos que corrían el gobierno estaba tomado por el jefe de paladines , Bencio de Alero, un hombre con muy pocos escrupulos y que tomaba la justicia sin siquiera tener que llenar las cárceles del Castillo de la Luz. Su próxima estrategia era destruir los flancos molochenses del norte y precisaba de toda la ayuda posible entre los escuadrones de paladines. En aquel momento pedía un informe a uno de sus más valerosos y combatientes paladines en su salón lleno de alfombras de terciopelo rojo.
- Y bien Bardelor? – murmuraba Bencio ante su presente soldado-. Que me dices al respecto? Podrías tu y tu grupo entrar por la ladera de la montaña y destruir a esos asquerosos enemigos de la fe?
- Como deseeis mi señor – dijo Bardelor intentando mostrarse convencido-. Toda la “media-luna” estará preparada para luchar contra los enemigos de la fe.
- Estoy contento con vuestros últimos progresos Capitán Bardelor – asintió Bencio -. La escaramuza hace cinco años en Puerda no ha hecho más que traerle fama a usted y a su amigo… mmmm, ese elfo llamado Belegia. De aspecto serio pero según los rumores muy rudo en el combate.
- El soldado Belegia es un luchador excelente en el campo de batalla.
- No lo dudo, pero no debería fiarse mucho de él, he oido que sus padres fueron renegados de nuestra fe, y anque la iglesia mariánica le haya adoptado no tiene porque darse esos lujos.
- A que se refiere señor? – Bardelor intentó camuflar las mentiras-. El soldado Belegia es un hombre respetuoso y digno, un hombre de entera confianza.
Bencio frunció el cejo.
- Creo que en todas las tabernas de esta santa ciudad se habla de “el joven elfo y la hermosa gitana” que no paran de exhibir ante la comunidad de la ciudad hasta que lugar pueden llegar sus lenguas
Bardelor calló.
- Espero que pueda confiar en él, seguro que la batalla le refrescará la sangre y el alma – afirmó Bencio-. Y hablando de las tropas molochenses escuchad….
En una cama llena de sabanas del más fino lino, el elfo Belegia recorría con los dedos la silueta desnuda de su amante. Ella había estado presa por molochenses en un campamento del norte y al verla pudo romper sus cadenas pero les unió una más debido al problema del amor. Su tez era morena y su largo pelo ondulado excitaba siempre a Belegia, sin mencionar, su esculpido cuerpo humano, obra innegable de la diosa Marie, marcada en la espalda con un tatuaje de grandes dimensiones, un tribal coloreado que la marcaba como gitana.
- Te quiero pequeña lira – susurraba Belegia.
- Vais otra vez al frente y me dejais sola Belegia? – susurraba la mujer aparentando pena-. No quiero que os hagan daño…
- No os preocupeis por mi, pues Marie protegerá mi espalda y de lo que tenga enfrente ya se encargará mi espada bastarda.
- No dudo de tu espada pero no creo que tu espalda se protegiese debidamente solo por la fe.
- Que blasfema eres…
- Claro mi paladín, no deciais eso hace cinco minutos.
- Vamos mujer, ya sabeis lo que me cuesta mantener esta relación. Bardelor es mi mejor amigo pero aún así le esta costando ocultar esto, no puedo incriminarle más por nosotros dos
- Lo único que quiero es que salgas sano y salvo de esas montañas… no me explico todavía porque vais allá.
- Es una historia interesante, conoceis la historia del gran héroe Max Hammerman?
- Claro amor mio, el clérigo que se suicidó porque su cuerpo fue invadido por un demonio, no es así?
- Sí, por el propio Reikos, el hijo de la guerra de Moloch.
- Y ahora? Vais a luchar contra semidioses?
- No no! – Belegia sonrió – Sólo creen, según nuestros espías, que el cuerpo del clérigo fue arrastrado por los rios de Carch Dal hacia el norte, y un grupo de exploración molochense ya lo está buscando.
- Vaya… - los ojos de la mujer se llenaron de color- Has oido alguna vez la historia del Ithil Emae?
- Qué?
- “Dos copos de nieve nunca son diferentes”
- Parezco estupido pero no me la se.
- Es una vieja historia Olvenita. – la mujer carraspeó para comenzar la historia-. Según la teoría de Anyoel cuando Olve creo la existencia y todo el mundo de Elenya cometió un error incalculable en la simplicidad del agua. Cuando el agua es sometida al frio se transforman en preciosos copos que distribuyen la energía Ki y todos estos deben ser diferentes o sino, la existencia de Olve y su perfección se rompería para siempre.
- Pero si todos los copos de nieve son iguales! – refunfuño Belegia – Que desperdicio de leyenda.
- Por fuera puede que sí, pero en su poder no. Hay copos más grandes y copos más pequeños y todo guarda su poder de una magnitud u otra pero en realidad Olve no fue perfecto.
- De que hablais?
- Dice la leyenda que existen dos copos de nieve diminutos pero de un inmenso poder y son idénticos entre sí. Por suerte Olve lo vió a tiempo y los separó a los dos en distintos lugares de Elenya.
- Estás muy puesta en el tema eh? Y encontraron dichos copos?
- No lo se, esos son sólo los escritos de Anduriel…. Sólo intentaba hacer tiempo para que no te vayas de mi lado…
- Ni siquiera la muerte podrá separarme de vuestro lado, Lamenloth….
- Mi corazón es tuyo para siempre….
Después de un año de búsqueda por las frías tierras de la inexpugnable Azerbaiyán y de codearse asquerosamente con decenas de enanos Belegia volvía a casa con la cabeza bien alta. No había encontrado obviamente el cuerpo del famoso clérigo pero si que había conseguido junto a su mejor amigo y capitan Bardelor dar caza, captura y muerte a los exploradores molochenses. Aunque no les habían sacado mucha información, todo apuntaba a que el cuerpo del clérigo había llegado hasta la costa fría y se había extraviado entre los millares de cuevas que sirven de desembocadura del Arfael.
Era tiempo de que Bardelor informara a Bencio y de que Belegia volviera a estrechar a su amada Lamenloth pero una enorme tragedia esperaba en el umbral de su casa,, donde ella debía aguardarle con los brazos abiertos. En la puerta había colgado un pergamino que rezaba en élfico “casa de traidor”. Los ojos de Belegia miraron incrédulo el mensaje y se llenó de bramante ira. Tiró abajo la puerta atrancada de su propia casa y buscó en ella sin éxito y a gritos a su amada.
Pidó explicaciones en su mente y sólo vió una.
- Bencio… hijo de mala madre!
Entró a zancadas en el salón de Bencio , desquiciado por la ira y buscando ciegamente al senescal del castillo. Dio un fuerte golpe a las ultimas puertas del recibidor y vió reunidos en el trono a Bencio y a Bardelor. Bencio alzó la cabeza sorprendido y habló primero.
- Bienvenido seais Belegia, ya he oido vuestra enorme valentía en…
- Dónde está Lamenloth? – interrumpió Belegia gritando – Que habeis hecho con ella??
- Ah! Sí… ella.
- Qué demonios la habeis hecho?
Bardelor miraba incrédulo.
- Era una traidora hermano, una devota molochense. Encontramos que filtraba información a Molochend y que era una consabida bruja, realizaba nigromancia y vos, como un terrible inepto os dejasteis seducir por sus malignos encantos.
- Pero… pero que estais diciendo? Dondé esta? Que habeis hecho con ella?
- La bruja fue ejecutada hace dos días- respondió Bencio tahante y friamente.
Belegia se arrodilló en el suelo, fue su primera vez aunque el no sabía que habría solamente una segunda más. La pena inundó su corazón y aun más su rabia estalló. Intentó levantarse y retrocedió unos pasos… una lágrima recorrió su rostro y al momento el odio le inundó. Desenvainó su espada bastarda y gritó:
- Vas a morir por lo que has hecho! Lo vas a pagar!
Pero los guardias fueron rápidos, habían sido alertados anteriormente por su jefe y se echaron encima del joven elfo, lo redujeron, le quitaron el arma y le patearon unas cuantas veces el craneo hasta que sucumbió en el suelo de terciopelo rojo.
Belegia abrió los ojos y la luz no le llegaba. Intentó estirar sus extremidades pero el dolor era muy intenso y ahogó un pequeño grito que hizo eco entre cuatro paredes. Estaba vilmente encerrado en una celda del castillo.
Así vió Belegia sus días y semanas, entre los cuatro muros de aquella celda imaginó mil veces la silueta de su amada y maldijo diez mil veces la vida de Bencio. Era realmente Lamenloth una espía molochense? Era falso el amor que sentía por él? En la tremenda oscuridad de su agujero, Belegia creyó enloquecer por las dudas y el odio.
El carcelero sacó a Belegia de sus pensamiento viles.
- Toma la comida infiel – dijo un orondo humano tirandole un cacho de pan sin fermentar y pateandole la cabeza-. Tengo buenas noticias para ti.
Belegia no contestó, pasado el tiempo se dio cuenta de que cuando abría la boca ante aquel desagradable carcelero, aquel le propinaba de nuevo patadas y puñetazos a diestro y siniestro. Así era la hospitalidad actual de las jaulas del Castillo de la Luz.
- Ya han decretado tu ejecutamiento por hereje – el carcelero sonrió-. Bencios lo acaba de firmar y dentro de poco te cortarán la cabeza en la plaza pública. Disfruta de tu última cena perro!
La gorda pierna del carcelero volvó a sentirse generosa con el cuerpo de Belegia. El se mantuvo valiente e intentó no soltar ni un leve quejido pero como mínimo le había roto alguna costilla.
El carcelero sonrió, dio media vuelta y cerrando la puerta se burló.
- Al menos en esta jaula los gritos de tu chica hacían mejor música en mis oidos.
Belegia herido y desgastado pensó en aquellas palabras. Lamenloth había besado el mismo suelo que en aquel momento le tenía preso. Había padecido las mismas humillaciones del carcelero y había esperado el día de su ejecutamiento como él lo esperaba en aquel desgradable momento. La cordura de Belegia se rompió como una hoja seca y comenzó a olfatear y manosear las paredes en busqueda de restos de esencia de la embriagadora piel de Lamenloth. Su mínima parte de lucidez notó algo extraño en la vieja roca de la pared. Entrecerró sus malheridos ojos para vislumbrar mejor y vió unas pequeñás hendeduras… supuestamente hechas con las propias uñas de alguien.
Su alma cayó al suelo, al ver entre runas molochenses la caligrafía de su amada.
“Es mi espalda la que te guía, Belegia”
Belegia recordó su última conversación con ella y cayó inconsciente al suelo.
El carcelero Bundus devoraba un plato relleno de frutas exoticas y un trozo del mejor jamón de las reservas del castillo. Cuando una mano depositaba más comida en su boca, la otra ya estaba buscando el siguiente trozo, las migas y el agua de la fruta adornaba su más que feo y orondo rostro.
De repente dejó de tragar, algo le oprimía el cuello con una presión descomunaly comenzaba a atraganarse con su propi vomito. Intento levantarse de la silla de un respingó y al dar media vuelta todavía enredó mucho más la cuerda en su cuello, y pudo ver de frente a quien apretaba los cabos. Belegia le miraba friamente a los ojos y suavemente le deslizó la daga por la barriga que secretamente Bardelor junto a una réplica de las llaves de la celda le había entregado la noche anterior.
El carcelero maldijo por dentro las mentiras del paladín que se suponía había de dar la extrema unción al reo, como marcaba la fe mariánica.
La herida en el abdomen se hizó más grande según Belegia iba extendiendo el tajo hacia el esternón y las tripas de Bundus comenzaron a manchar el suelo de la prisión.
- La música de tus visceras es la que a mi me agrada…..
Bardelor llevaba puesta su armadura de los días santos. El emblema de la media luna refulgía en todo su torso y Belegia volvía a recuperar la espada bastarda que su padre le había regalado antes de marcharse de Adertha. El capitán de la escuadra miró a su grupo de soldados en el vestíbulo y se confirmó así mismo, miró a Belegia un instante y le dijo:
- Bencio esta loco hermano. Lleva mandando escuadrones suicidas a enclaves molochenses y hay muchos paladines muertos, los templarios de la semilla roja, los dragones blancos, las espadas de Marie…. Todos enviados a muertes seguras… y los que no han acatado las ordenes de bencio han sido encarcelados o ejecutados como tu. Ya conté en la celda los pormenores pero hay algo pero aun Belegia.
- Lo sé, no saldremos vivos de Adertha – respondio Belegia impasible-. Encontremos a Bencio muerto o no la ley de Adertha es intolerable con los que buscan la justicia de su propia mano. Volveremos a estar sentenciados.
- Si lo sabes entonces sólo espero que la luz de Marie pueda guiarnos, nuestra espalda la cubre Marië.
Belegia no dijo nada y comenzó a subir las escaleras del vestíbulo a los aposentos de Bencio, su espada mojada de sangre salpicaba y teñia aún más de rojo las alfombras de las estancias inferiores del senescal actual de Adertha-Celeb.
La poca resistencia que hallaron fue rápidamente aplastada, la destreza en las armas del batallón de la Media Luna era bien temida en el campo de batalla y poco pudieron hacer los paladines novatos que guardaban la habitación de Bencio.
Belegia y Bardelor entraron empuñando las armas en la estancia y la encontraron sospechosamente vacía, Bencio no podía haber escapado a ninguna parte, eso era algo que casi tenía por seguro los exploradores de la Media Luna.
- Maldición – vociferó Bardelor – Belegia amigo, si el senescal ha escapado de seguro nos harán proscritos en todo el continente….
- Todas las alimañas tienen un agujero – respondió Belegia.
Los dos elfos se quedaron un rato parados inspeccionando el lugar con sus propios ojos hasta que Belegia levantó una mano y sonrió.
- Mira esa pared – señaló Belegia hacia el fondo de la habitación-. Es una puerta feérica.
- No te entiendo amigo.
- Mi madre tenía una casa escondida en la Llanura de las Columnas y poseía una de estas puertas poco conocidas. Sólo funcionan recitando una frase que el dueño conoce, pero ha de pronunciarse muy en alto.
- Vaya, dejarían los arcanos de fabricarlas, si tuviese que decir la contraseña a plena voz todo el mundo la escucharía.
- En verdad no sólo las dejaron de fabricar por eso, mi madre encontró otro problema.
- Vuestra madre Merle Flecha Felina es una mujer excepcional… que encontró?
- La manera de abrirlas con una ganzúa – afirmó Belegia con una leve sonrisa.
Belegia sacó una de sus ganzúas y la introdujó por el orificio circular de la pared. Pronunció unas palabras y sacó una pequeña llama que calentó la ganzúa al rojo vivo. Con los guantes metálicos introdujó otra ganzúa, le dio media vuelta y sonó un leve chisporroteo que se fue ahogando. Sin duda alguna, Merle Tire’in había sido una elfa de recursos allá en la segunda era.
Una pequeña puerta de un metro se abrió entre la piedra mágicamente, más allá se mostraba un corredor oscuro. Belegia sin pensarlo dos veces, agarró una antorcha de la habitación y se interno en el oscuro pasadizo seguido de su amigo elfo.
La luz que emanaba la antorcha dejaba entrever los frescos que decoraban el estrecho corredor.
- Pinturas blasfemas – bramó Barnelor-. Marie nos de fuerzas si este es el lugar de estudio del senescal de la ciudad sagrada.
Los frescos mostraban imágenes molochitas. Pentagramas invertidos, dibujos del dios Moloch devorando a sus victimas, la batalla gloriosa de los molochenses en Zerin Ambroth, y decenas de representaciones más del dios de la oscuridad aplastando paladines, quemando el arbol de luz o copulando frenéticamente con su diosa enemiga. Bardelor no daba crédito a sus ojos.
Belegia y Bardelor llegaban al final del corredor al ver la luz al final, apagaron la antorcha y se pusieron en formación sigilosa. Entraron en una gran sala roja y dorado, manchada de sangre por doquier y oiliendo a cien demonios del averno. En numerosas mesas de mármol blanco resposaban cadáveres de gente mutilada, en su mayoría elfos, problablemente víctimas de un experimeto nigromántico. Según fueron avanzando divisaron la silueta de aquel a quien andaban buscando .
Bencio murmuraba y reia de espaldas:
- Lo he encontrado, al fin lo tengo!
- Bencio – gritó Bardelor-. Queda usted acusado de blasfemia y actos de nigromancia ante la espada del poder 16 del batallón de la Media Luna, sólo ante Marie deberá juzgar sus crímenes.
Bencio dio media vuelta y sus ojos no mostraban ya sentido en su cabeza.
- Paladín idiota!!
El senescal apuntó su brazo hacia Bardelor y descargó un rayo de aspecto rojo glutinoso que impactó en el pecho del elfo. El capitán copmenzó a convulsionar y a levantarse del suelo forzadamente tirado por la energía nigromántica de aquel conjuro maldito. Belegia reaccionó en menos de un segundo, dio un salto entre una de las mesas de mármol y balanceó su espada bastarda de derecha a izquierda de forma circular cercenando la cabeza de Bencio.
Bardelor cayó al suelo exhausto antes de que la cabeza y el cuerpo de Bencio lo hicieran, aún se mantuvo el cuerpo un rato de pie por la fuerza mística del conjuro mientras la aorta despedía sangre a presión. Cuando el ahora cesado senescal caia al suelo estrepitosamente dejó ver su escritorio de trabajo. Una mesa enorme mostraba semiputrefacto y despedazado el cuerpo de Lamenloth. Sus organos reposaban en grandes vasos de cristal rellenos de algun tipo de liquido semiótico y su cuerpo, abierto desde la vagina hasta el cuello estaba también sin piel dejando mostrar la negra carne que ya apestaba en la que había sido la hermosa novia de Belegia.
El joven elfo vomitó hacia un lado casi ahogandose por el llanto y el sufimiento. Quisó abrazarla una vez más e imagino aquellas noches en las que con sus manos repasaba su piel de milimetro a milimetro. Casi su imaginación le llevaba hasta ello… hasta que la cruda realidad le despertó y pudo contemplar lo que aplastaba su mano. Miró incredulo al trozo de piel recortado que su mano sostenía, la espalda de Lamenloth que mostraba un enorme tatuaje de colores ahora habia tomado una forma distinta.
- Es mi espalda… la que te guía Belegia.
El vendaval frio de las montañas azerbaianicas hacía mella en los huesos de Bardelor. Hacía días que no comía y su cuerpo estaba cansado de la constante lucha con molochenses. Doce de los hombres que les habían acompañado en aquella loca misión habían perecido y el único que seguía vivo a su lado y caminaba incansable era su amigo Belegia.
- Más vale que encontremos la luz de Marie alli – rebufó Bardelor enfrascado en su gordo abrigo y su gran mochila-. Estoy al borde de mis fruezas Belegia, casi no puedo dar ni un paso más. Hemos perdido a nuestro ultimo soldado, las tropas molochenses han tomado Azerbaiyán y quieres que sigamos en la busqueda?
- Vamos, aguanta un poco más Bardelor, ya queda poco no? – aplomó Belegia-.
- Sí, si no recuerdo mal la desembocadura del rio debe estar a un par de millas de aquí.
- Tengo que agradecerte todo lo que has hecho por mi Bardelor, desde que te conocí has sido un fiel amigo y mentor. Me liberaste de la prisión y te debo la vida por ello
- Ya me lo agradecerás cuando volvamos a Adertha con un buen vino – Bardelor tosió – pero antes dejame tomar un trago de agua.
Los dos amigos subieron una lader más y llegaron a las magnificas cuevas de la desembocadura del Arfael. El agua y el tiempo había erosionado las grandes rocas y las cuevas circulares se extendían a centenares entre las laderas de los acantilados. Antaño, los enanos de aquella zona habían intentado explorar las cuevas en busca de mithril sin éxito, las cuevas eran tan sumamente largas y enrevesadas que muchos exploradores murieron en el intento por descubrir nuevas zonas. Los viejos enanos de Azerbaiyán contaban leyendas sobre aquellos tuneles, refiriendose a mundos extraños inexpugnables que se alimentaban debajo del continente de elenya, entre sombras y poderes desconocidos. Uno no sabía si creerse aquellas patrañas sobre el Inframundo pero era cierto de que la mitad de las cuevas estaban marcadas con signos enanos a modo de identificación para la exploración.
La poca luz del día iba menguando pero Belegia siguió en su animo por buscar pistas entre las cuevas, su terquedad le llevó a un increíble descubrimiento.
Había una cueva sin marcar entre dos que sí lo estaban. En la izquierda rezaba “Htol” y en la derecha “Nemal”, palabras enanas que sígnifican “frio” y “alma”.
- Lamenloth…. –murmuró Belegia para sí-. Bardelor entraremos en esta!!
- Estais seguro? Ya me has hecho andar demasiado por hoy.
- Apresurémonos.
Los dos soldados de Adertha entraron en la cueva, Bardelor encendió una antorcha y Belegia fue siguiendo el camino que le mostraba el mapa de la piel de Lamenloth. El tatuaje de su espalda dibujaba cientos de recovecos y salidas pero sólo uno mantenía el color negro de la tinta extraida del capullo del Loto Negro.
Recorrieron millas y millas por estrechos senderos y tuvieron que aplacar a alguna bestia extraña que jamás en su vida de elfo Bardelor había contemplado. Cuando casi iba a encomiar su alma a Marie por afirmarse de que se habían perdido, Belegía dio un grito de júbilo.
Una luz azul irradiaba al final del corredor. Al fondo encontraron una sala rodeada de estalactitas y estalagmitas de hielo puro, tan refulgente que parecía diamante tallado por los mejores elfos. En su centro, irradiante de luz mágica, se encontraba un pedestal con una filacteria plateada, mostrando una pequeña y diminuta mota que irradiaba aquella gran luz que levitaba dentro de un pequeño amuleto. De base ante él, un féretro y una gran hendedura donde podía fácilmente caber una espada.
- Apostaría que el gran clérigo está enterrado aquí…. – dijo emocionado Bardelor - Lo has conseguido Belegia, la tumba del gran héroe Max Hammerman!!
El capitán retiró la tapa del feretro y ante sus propios ojos vió el cuerpo del clérigo mariánico incorrupto, como tocado por la mano de la diosa, sin siquiera un arañazo o herida visible, su armadura impoluta y sus armas de guerra, su maza y su escudo a su lado como si un siglo hubiese sido ayer.
- Aquí falta algo – repuso Bardelor-.
- El qué?
- El conocido Amuleto de Anduriel.
Los dos elfos giraron la cabeza a la vez para contemplar la filacteria. Bardelor la inspeccionó más de cerca y con cuidado. Si sus ojos no le traicionaban estaba ante sí ante una de las leyendas mas antiguas de la historia, uno de los Ithil Emae enfrascado en un amuleto construido por la semidiosa Anduriel y regalado a Hammerman, un amuleto que sirvió de instrumento a Reikos para escapar de su prisión y enloquecer a uno de los clérigos más benditos de la sociedad marianica
Bardelor intentó abrir sin éxito la filacteria, aquello parecía algo complicado o mágico, un nuevo enigma que descifrar.
En el escudo de armas de Max Hammermán se podía leer algo claramente:
JUNTA LA SANGRE DE TU MUJER AMADA Y LA DE TU MEJOR AMIGO Y ENTRE LA ESPADA VERÄS LA TRAICIÓN CRECER COMO EL TRIGO.
- No alcanzo a comprender estas runas Belegia.
Belegia no respondió.
- Si tuviera un poco mñas de tiempo quizá con unos conjuros de apertura – propusó Bardelor-. Quizá con unos conjuros de disipación podriamos abrir esta cosa.. solamente necesito descansar,
- Voy a matarte.. Bardelor – dijo Belegia sin mirarle a los ojos-.
- Qué? De que estas hablando Belegia? – dijo Bardelor estupefacto-.
- He entendido el mensaje
Belegia rebuscó en su mochila y sacó un frasco con liquido en su interior que contenía un corazón. Uno de los experimentos de Bencio se mostraba ahora en las manos de Belegia, el corazón de su amada flotaba en el pequeño y frágil frasco.
Bardelor extenuado y asustado se aferró con una mano al relicario de su pecho, meneó la cabeza incrédulo y ahogó una última palabra mientras Belegia asestaba un duro golpe con la bastarda a la parte izquierda del hombro derecho.
- Amigo….
Belegía desclavó su espada del inerte cuerpo de su amigo Bardelor y sin limpiar la hoja rompió el frasco que sostenía en la otra mano contra el suelo. Clavó su espada en el corazón inerte de Lamenloth que se partió en dos en ese último latido e impregnó la sangre fresca en la manchada hoja.
- Tu corazón es mio – susurró -.
Belegia clavó la espada en la hendedura de la filacteria y aquello se abrió mostrando un esplendor de luz azul cegadora. Belegia recogió de entre sus manos el Amuleto de Anduriel, el Ithil Emae, uno de los copos idénticos de Olve. Lo colgó con miramiento en su cuello y su visión se alargó.
El letargo rapido que le impulsó colocarse el objeto mágico le pareció a Belegia una eternidad, puedo ver más allá de lo que conocía, supo las respuestas y su alma y su ira quedaron calmadas. La verdad de lo sucedido le había sido relevada.
Miró con pena el cuerpo de Bardelor y una voz le habló desde el interior.
“No caigas en desdicha, estoy aquí para cuidar de ti”
- Tu corazón es mio y tu espalda me protege.
“Ven a mi lado, acabemos juntos con esto mi amor”
- Tus deseos me complacen… Lamenloth
Muchas risas llenaron el interior de la sala y acababan entre los susurros….
“Llevame contigo, mi amado Rey Belegia”
Belegia sonrió y desclavó su espada bastarda de la hendedura. Ahora la espada emanaba una leve luz azul y al blandirla en el aire y las risas de su querida amada se dejaban oir entre el pasar del filo en el viento.
- Ahora devolveré a Azerbaiyán su libertad………..