“Pero, aunque Marcus había visto claramente como Ariel iba emergiendo en el cielo cuando salieron de la ciudad, según se acercaban al Bosque la luz se iba apagando, como si hubiesen pasado las 12 horas del día y ya estuviera anocheciendo de nuevo. Parecía como si hasta los rayos de luz tuvieran miedo de penetrar más allá de las ramas del Bosque. El pobre Marcus estaba totalmente desorientado y extrañado por la situación, ya que nunca había vivido algo así, pero, al ver como Kurgan continuaba caminando como si la cosa no fuera con el, decidió no ser menos y seguirle el paso. Entonces, se hizo la oscuridad. A Marcus le entraron ganas de gritar, pero ni siquiera era capaz de eso. No veía absolutamente nada, y tenía la certeza de que sus ojos estaban abiertos. Por su mente solo pasaban imágenes horribles, de cuerpos despedazados y carcomidos, aunque, poco a poco, sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad. Todo sea dicho, esa no suponía un gran avance.

- ¿Va todo bien? Ni siquiera hemos entrado en el Bosque, como quien dice - la voz de Kurgan sonó al oído de Marcus, a quien le recorrió la espalda un escalofrío. - No te asustes por la oscuridad, todo el viaje va a ser así. Y, si se nos hace de noche, no verás ni siquiera a dos pasos de tu cuerpo. Así que apresurémonos.

Marcus mencionó que había visto como Kurgan guardaba una antorcha en su petate el día anterior, pero este le explicó que con la antorcha lo único que harían seria llamar la atención, ya que no desharían la oscuridad del bosque lo suficiente como para ver a más distancia, pero, en cambio, si denotaría su posición en la lejanía. Vuelven a emprender la marcha, adentrándose poco a poco en el Bosque. El tiempo parece transcurrir con gran lentitud, y Marcus sigue muy de cerca a Kurgan, preocupado por la posibilidad de perderse, en cuyo caso está seguro de que no sería capaz de encontrar la salida.No hay prácticamente ningún rastro visible a ojos de Marcus, y, mucho menos, un camino señalizado. Kurgan se va guiando por, al parecer, señales en el suelo. Mantiene la concentración al cien por cien, y Marcus se ocupa de no molestarle, por las consecuencias que pueda haber. Las brumas del Bosque lo hacen impenetrable, y nuestro protagonista va sintiéndose poco a poco mareado. La tensión de la situación y el amenazante silencio que hay a su alrededor le provocan cierto malestar, y se para momentáneamente, cierra los ojos y se presiona las sienes.

- Kurgan, creo que necesito parar un momento. Estoy mareándome. - Marcus hizo una pausa en la que esperó escuchar contestar a Kurgan, pero no hubo respuesta alguna - ¿Kurgan? - la voz sonó angustiada, como replicante.

Marcus abrió los ojos lentamente, elevando una pequeña plegaria a Marië. Pero no tuvo resultado alguno. Definitivamente, el humano semisalvaje no estaba cerca. O quizás si, era difícil saberlo, ya que no se veía nada a mas de un par de metros de distancia. La respiración de Marcus se fue agitando, al igual que su corazón. Empezó a escuchar ruidos rompiendo el silencio que hasta entonces había reinado. Jadeos bestiales cerca de su posición, las ramas de los árboles se cernían sobre el, amenazantes. Una sensación de claustrofobia invadió a Marcus, y la chispa del terror se adueñó de él. Su reacción fue correr, huir de los ruidos, aunque nunca lo conseguía. Los árboles parecían perseguirle, y veía caras burlescas en sus troncos.

- ¡Dejadme en paz! ¡No conseguireis acabar con mi vida, criaturas de Moloch! ¡La luz de Marië me guía! - Gritaba a la nada, retrocediendo de espaldas del bosque amenazante.

Entonces, su talón tropezó con algo, posiblemente una raíz salida de la tierra de algún arbusto o matojo. Cayó hacia atrás, rodando por una cuesta de un terraplén, y quedó tendido en el suelo, hecho polvo. No se movió ni un centímetro durante unos cinco minutos, mientras controlaba su respiración y el pulso de su corazón. Pero, justo en ese momento, notó algo pringoso en su cabeza. Se tocó en el lugar en concreto, y se llevó la mano a los ojos. Sangre. Ahora si que estaba acabado, pensó. No le agradó en absoluto la idea de morir desangrado por una herida en la cabeza, tirado en un terraplén de un bosque. Así que pensó que, por lo menos, intentaría salir de allí. Se levantó y lo que vio ante sus ojos fue impactante: Ante él había una macabra escena, algo que solo algún loco o Molochita podría haber llevado a cabo. Signos de un oscuro ritual permanecían en el suelo, con varias velas, de las cuales alguna aún permanecía encendida; y, en el suelo, el cuerpo mutilado de algún pobre hombre. La escena le hizo vomitar, aunque se sintió algo reconfortado al saber que la sangre de su cabeza no era suya.
Mientras se recomponía de la situación, y elevaba una plegaria a su Diosa, notó algo raro. De su boca comenzó a salir vaho al expirar, y una sensación de frío fue creciendo a su al rededor. Era algo raro, pues, hasta entonces, la temperatura no había sido muy agresiva; además, sabía a ciencia cierta que no era su cuerpo el que estaba produciendo aquel efecto.
Pero la temperatura iba bajando enteros poco a poco. Era lo que le faltaba al pobre Marcus. Por suerte, había traido un poco de ropa de abrigo, así que se quitó el petate, lo dejó en el suelo, y comenzó a rebuscar. Encontró una capa de cuerpo entero, y la sacó de su mochila, para ponérsela acto seguido. Entonces escuchó un sonido ululante, como un grito lastimero, que poco a poco iba aumentando su volumen. La sensación de frío se intensifico, y tuvo la certeza de que la fuente de tal temperatura estaba detrás de él. Se giró poco a poco, preparándose para lo peor, aunque nunca había imaginado algo de tal magnitud. Sus ojos casi se salen de las órbitas cuando, al girarse por completo, se encontró con una figura fantasmal, un espectro angustiado que vagaba sin norte por el Bosque. Su alarido se escuchó por todo el Bosque Oscuro, y, mientras su visión se sumía en la negrura y sentía sus piernas flaquear, vio al espectro, al parecer igual de sorprendido que él, perderse entre los árboles. Sintió un golpe seco en la cabeza, un frío intenso en todo el cuerpo, y su mente se perdió en la inmensidad del vacío.

- Chico, despierta, ¡chico! - Oí algo lejano, más allá de las fronteras de su mente. Algo que le obligaba a darse la vuelta y volver a la realidad - ¡Despierta, por todos los dioses! - El chorro de agua termino por sacar su mente de la nada.

- D-dón… ¿Dónde estoy? - Su vista fue dejando de ser borrosa poco a poco, y finalmente enfocó a quien estaba sujetando su cabeza. - Por Marië, Kurgan. Benditos los ojos… ¿No he muerto?

Kurgan esbozó una sonrisa al ver que la vida del chico aún no había llegado a su fin. Habían salido del Bosque Oscuro, aunque Kurgan le había tenido que llevar a hombros todo el camino. En un principio había pensado que estaba muerto, le explicó, pero le pareció notar que aún tenia algo de pulso, así que había decidido pujar con el. Marcus le explico lo que recordaba, una figura blanca y etérea acercarse, e irse como sorprendida, antes de caer en su sopor.

- Los espíritus - le explico Kurgan - sobre todo los que no son malignos, no están totalmente conectados a nuestra realidad, y no es muy común poder verles. Y al igual de la forma contraria, así que el estaría tan sorprendido como tú. Aunque yo soy mas conocedor de las cosas materiales, así que cuando vuelvas a casa tendrás que preguntar a Nicetas sobre el tema. Seguro que el te puede ilustrar de una manera mejor.

Marcus cayó entonces en la cuenta de que no estaba ya en el Bosque, y eso le alivió, aunque, según le dijo Kurgan, no debía aliviarse mucho. Se encontraban en el no menos temible Camino Oscuro, y descansarían un poco más, para que Marcus se recuperara totalmente, antes de proseguir su viaje.”

El Bosque Oscuro es un lugar de oscuridad absoluta y criaturas impías. Es ruta de paso obligada para llegar a Molochend a pie, y las leyendas dicen que nadie que haya entrado ha logrado salir. Es una leyenda, es cierto, pero toda leyenda guarda su parte de verdad, no lo olvidéis. No hay muchas cosas que reseñar a parte de lo dicho. Es fácil perderse y normalmente no hay muchas señales por las que guiarse, y es necesario mantener la calma en todo momento, pues si no las ya de por si adversas condiciones del Bosque pueden terminar de volverse contra nosotros en su totalidad. Poblado tanto por bestias “naturales”, como por entidades de otros planos, es recomendable evitarlo si no es absolutamente necesario, y entrar con un guía si debéis pasar por él. Y no llevéis antorchas; sus desventajas son muchas comparadas con sus inexistentes prestaciones.

Recomendación personal: Permanecer en ese maléfico lugar el menor tiempo posible.

Con pesar en el alma, se despide:

Marcus Forrester, cronista de Adertha.
Demos gracias a la Diosa, porque es buena.