“El sonido del golpeteo en la puerta despertó a Marcus, y, además, le hizo prometerse a si mismo que la próxima vez se controlaría con el vino. No había bebido mucho, pero tampoco estaba acostumbrado al alcohol, ya que no era algo que se estilara en demasía allí de donde venía.- ¡Despierta, dormilón! - La voz de Kurgan se escuchaba al otro lado de la pared - Está a punto de amanecer, y tenemos que aprovechar todas las horas de sol que podamos. Prepárate rápido, te espero abajo.

Marcus respondió con un pequeño murmullo a la orden de Kurgan y se desperezó poco a poco. Se levantó de la cama y fue hasta las ventanas. Abrió una de ellas y contempló las vistas. Ariel emergía poco a poco en el horizonte, y la oscuridad nocturna se iba clareando poco a poco con el brillo anaranjado del astro.

No había deshecho sus bártulos, excepto para sacar su camisón, y, al parecer, no iba a poder asearse correctamente en la posada, así que, no sin cierto repelús, se puso su túnica de viaje. Algo malo tenía que tener viajar fuera de Adertha-Cëleb, pensó.

Bajó las escaleras con todos sus fardos y se sentó en la mesa de Kurgan, donde le aguardaba un plato con un par de huevos, pan, y una jarra de cerveza. Una vez terminaron el almuerzo, Kurgan se despidió del posadero y emprendieron la marcha, no sin antes pasar por el pozo del centro de la ciudad y lavarse la cara un par de veces.

- ¿Cuál será nuestro primer destino, Kurgan?

- Mi primer, y creo que último destino junto a ti, joven cronista, es la ciudad de Molochend. Para guiarte allí y traerte con vida es para lo que he sido contratado. Supongo que habrás escuchado algo sobre ella, posiblemente de refilón en tus charlas religiosas en la ciudad de la luz. Que no te engañen las historias, hijo; es una ciudad oscura, pero lo terrible no es la ciudad en sí misma, es el camino que se ha de recorrer para llegar a ella. Primero habremos de internarnos en el peligroso bosque oscuro, salvar los obstáculos que se nos presenten en tal fantasmagórico lugar, que no serán pocos, y seguir con vida para encontrar su salida. Las leyendas dicen que nadie que haya entrado allí ha vuelto a ser visto. Al menos, vivo.

- Espera, espera - Marcus comenzó a ponerse nervioso, y eso que aún no habían salido de la ciudad - ¿Nicetas pretende que me interne en un lugar de cuyo interior no ha salido nadie vivo? Por Marië, pensé que esta tarea iba a ser un poco mas descansada…

- Y eso no es todo, joven Marcus. Una vez logremos encontrar la salida del Bosque Oscuro, no tendremos mas remedio que internarnos en el camino del mismo nombre. Es cierto que en tal sitio no existe ya el grado de bestias salvajes y espectros fantasmagóricos que pululan por el Bosque, pero la relativa civilización que supone la existencia de un camino trae consigo peligros casi mayores: Bandidos, asaltadores, oscuros nigromantes que comen la carne de los viajeros…

La cara de Marcus era un poema, y, mientras le miraba de reojo, Kurgan luchaba por contener la risa. Era cierto que el camino es peligroso, de eso no hay duda, pero Kurgan era un hombre experimentado, tanto en el viaje como en la lucha. Además, el exagerar las historias no haría mas que preparar al joven cronista para los posibles problemas. Nunca estaba de mas tener un plus de atención en los viajes peligrosos.

La pareja llegó a las puertas de la ciudad y se dirigió a las inmediaciones del Bosque Oscuro, justo en el momento en que Ariel emergía en su totalidad.”