“El sol brillaba en lo alto del cielo, azul claro, sin una nube que entorpeciese su visión. Las praderas verdes relucían con el agua que la tormenta nocturna había dejado en la tierra. Marcus cogió aire con fuerza, y esbozó una sonrisa.

- Bellos parajes estos - dijo para sí - en los que se puede dar un paseo disfrutando del sol.

Durante el camino, bastante tranquilo, sus ojos observaron todo tipo de cosas: Grandes molinos en cuyas blancas paredes se reflejaba el sol, y, de los cuales, pensó, los habitantes de Cénit sacarían el pan; varias personas, tanto conversando en la hierba como andando, al igual que él; numerosos animales correteando por la hierba… Aunque en un principio la idea de hacer este viaje solo lo asustó, estaba empezando a pensar que había sido una buena elección.

Entonces, a lo lejos, divisó un par de construcciones en las que se veía ajetreo. Apresuró el paso dispuesto a conocer el emplazamiento de Verwind y sus, esperaba, múltiples atracciones.

En el pequeño claro del bosque había un par de casas. Al parecer, la más grande era una posada, ya que se oía algo de ajetreo en su interior y algunas personas salían bebiendo un extraño líquido.

- ¡Salud, amigo! - Marcus se giró y descubrió a un hombre, humano, de mediana edad. - ¿Se ha perdido usted?

- Hmmm, no exactamente. - contestó Marcus con algo de timidez - Esto es el emplazamiento de Verwind, ¿verdad?

- ¡Exacto! - El individuo dio un trago a su botella, que contenía un líquido negro - ¡Y hay festival de Dragon Cola!

- ¿Dragon qué? - preguntó Marcus esbozando una mueca

- ¿Nunca la has probado? Por los Dioses, ¡entra en la taberna y pide una de parte de Jónas!

Ante tal invitación y el ímpetu de la misma, Marcus no pudo mas que aceptar, por lo que entró en la taberna con paso lento pero seguro. Al abrir la puerta multitud de voces lo envolvieron, y un aroma embriagador se filtró por sus fosas nasales. La gente hablaba con alegría y despreocupación, sentados en las mesas distribuidas algo caoticamente por la sala. Tuvo que evitar un par de clientes que posiblemente habían bebido algo más de lo recomendado para llegar a la barra, y allí tuvo que esperar un par de minutos hasta que alguien le atendió.

Un “Dragon Cola” y un “Jonas” después, el camarero puso una rebosante jarra del negro líquido sobre el mostrador, acompañandola de un “que aproveche”. Marcus olió lentamente la jarra, y mojó un poco los labios, saboreando la bebida. En Adertha, debido a su trabajo en la biblioteca y a su juventud y vigilancia del sabio Nicetas, nunca había podido saborear más que una cerveza, y su sabor siempre le pareció bastante amargo, por lo que, cuando aquel sabor dulzón rozó su lengua, todos sus esquemas sobre las bebidas alcohólicas se rompieron; no pudo esperar más. El líquido se derramó a través de su garganta a una velocidad tal que cualquier enano de Koilan se habría quedado impresionado. Un refrescante escalofrío recorrió todo su cuerpo y llegó hasta su cerebro, mientras apuraba la jarra.

Tuvo que hacer acopio de voluntad para no quedarse en la taberna más tiempo, pero pidió un par de botellas más para el viaje. Al salir dio las gracias a Jonas, y se acercó a la casa del tal Beldur, un personaje histórico por estas tierras, según había escuchado.

La casa del señor Verwind no era precisamente un palacio. Es más, era una casa bastante humilde, a primera vista. Eso sí, a pesar de su humildad, no dejaba de ser impresionante: Miles de objetos, tan dispares como extrañas espadas curvadas nunca vistas por Marcus, o libros sobre recetas de cocina con el Tejón como base culinaria, adornaban estanterías de la habitación. Estuvo curioseando un rato, hasta que se topó con Beldur.

- Salud joven humano, ¿que os trae a mi humilde morada? - El elfo sonrió levemente. En su cara, algunas arrugas hacían pensar sobre la Historia que el viejo elfo habría vivido, pues se decía que era milenario.

- Salud, Señor Verwind. - Marcus hizo una reverencia de respeto - Mi nombre es Marcus, y soy ayudante de Nicetas, el bibliotecario de Adertha. Estoy de viaje por Elenya elaborando una crónica.

- ¡Oh, una crónica! Bellos y útiles instrumentos para conocer el pasado. Adelante, adelante, siéntate, y hablemos sin prisas.

Marcus debió de pasar unas cuantas horas conversando con Beldur, pero se le hicieron minutos. La melodiosa voz del elfo y los siglos que habían pasado por delante de su puerta, le maravillaron de tal manera, que cuando la conversación acabó, prácticamente había anochecido. Marcus vivió en persona grandes acontecimientos de la historia de Elenya: Experimentó la angustia de la plaga y la vida subterránea, los tiempos oscuros de la desaparición de la semilla y la supremacía de Vampire…”

A medio camino entre Cénit y la ciudad de Menelya, Verwind es un pequeño emplazamiento que se sustenta en dos pilares básicos y especiales: Su posada y la Tienda de Beldur.

¿Y porqué son especiales? Sin duda alguna, además de estar situados en plena naturaleza, hay algo que da a la posada su toque especial: El festival de la Dragon Cola. La Dragon Cola es una bebida deliciosa y refrescante, con un sabor dulce que agrada a casi todo el mundo. Al parecer, es una creación de la tierra, ya que bastante gente viaja de muchos rincones de Elenya a los festivales de la Dragon Cola que tienen lugar en Verwind, y esta bebida es dificil de encontrar en otro lugar que no sea esta taberna.

En cuanto a la tienda de Beldur, su carácter especial radica en la disparidad de cosas que se pueden encontrar en ella. Su regente, Beldur Verwind, es un elfo con muchos años tras sus espaldas, gran coleccionista de objetos. Durante toda su vida ha ido comprando e intercambiando diferentes objetos que los aventureros encontraban durante sus viajes. Además, siempre puedes conversar con él y aprender cosas del pasado (tanto reciente como más antiguo) de los alrededores.

Recomendación(es) personal(es): Saborear la deliciosa Dragon Cola y echar un vistazo a las curiosidades de la tienda de Beldur.

Sin más se despide:

Marcus Forrester, cronista de Adertha.
Que la Diosa os sea proclive.